
Un nuevo aniversario de ese animalito; con el que experimentaste el poder de dominación de la especie humana sobre otro ser vivo, y comprendiste la responsabilidad de una dependencia y la existencia de otro ser vivo; te hace remontarte al periodo histórico que marca el cambio a partir del ingreso de algo desconocido en tu vida, que permite revisar varios mojones del caminito que te llevó al empire state emocional.
Después de analizar con asombro los ejemplares masculinos de tu entonces nuevo entorno e iniciar la búsqueda desenfrenada por encontrar ese alfiler que con solo pincharte (no vale de nuevo el chiste) te produzca una reacción entendiste que buscar en un pajar es ser un pelotudo, o tener demasiada esperanza religiosa (para eso mejor hacerse monja). Ni siquiera estamos hablando de atravesar la piel, ni llegar a tocar carne. En tu nuevo entorno no recibiste ni un solo pinchazo, si un par de clavos, tijeras motas, cuchillos afilados, navajas del siglo xviii, pero ni una aguja, ni siquiera de jeringa, que te deje confortablemente atontado.
Trabajaste la carne, eso si no se puede negar, hasta incluso tenés heterosexuales que quieren ser tus mejores amigos heterosexuales franeleros, pero son eso: heterosexuales, y eso que muchos califican para el puesto vacante. Probaste chivitos tiernitos, sub 25, y te impresionaron con su evolución de identidad, algo que a los de tu generación todavía les genera trauma y drama, mucho drama. Hiciste turismo sexual. Si, sabés bien que en localidades vecinas se puede encontrar buenos ejemplares acordes a tu morbosidad alimenticia pero, también eso: residen en otra localidad.
Últimamente la ofertas de doña vida son las de una azafata en tiempos de crisis, todo empaquetado, en bandeja descartable y con vasito pequeño con el que nunca se termina de pasar el combo industrial que se repite una y otra vez sin importar el tipo de transporte. Obvio hay diferencias de clases y categorías, pero ninguno cumple la misión de satisfacción. Por mas que aceptas el servicio siempre quedás como vacío, y teniendo que armar tu propio plato. Una amiga lo interpretó como el vacio postcoital. Esta categoria a tu caso no se aplica, no se aplica a tu forma de entender el sexo. Ahí tu cuestión de género prima, y nada tiene que ver con la construcción cultural occidental femenina que se ha(n) construido para ellas. ¿Machismo carnal? Tal vez. Ni un puto le escapa fácilmente a cultura de género de origen.
Dos año de historia, y con un empire state emocional que urgentemente hay que derrivar, o tomar, te permiten reflexionar que es necesario proponer explícitamente que el único juego que te interesa es el de la disputa de poder para comprender la forma de existencia del otro, comprehension que te habilita para poder ceder y construir en conjunto. Necesitás, y querés un rendez-vouz. “¿Para saber realmente si cocinás bien, tengo que ser tu marido por un día? Si claro.


